Italia es el país que más me gusta visitar. Es uno de los países donde más cómoda me siento y esto puede ser por varias razones: la gastronomía, el idioma, los lugares… Tenía Italia tan idealizada desde tan pequeña que cuando tuve al fin la oportunidad de visitarla, no pude creérmelo hasta que estuve de vuelta en casa. Eso ocurrió en el año 2016, pero he podido volver este 2019.

Roma, toma de contacto

La primera vez que fui a Italia organizamos todo al dedillo. Nos alojamos en Roma, en un apartamento con temática de Marilyn Monroe, por unos 150€ cada una por una semana en por la zona de Termini. El primer día nos movimos hasta El Vaticano y desde allí fuimos a Castel Sant’Angelo. Después decidimos pasear por Via dei Condotti (la calle de las tiendas lujosas) y terminar en la Piazza di Spagna con su correspondiente escalinata y Fontana della Barcaccia.

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Castel Sant’Angelo – Fuente: Elaboración propia

Como no podía ser de otra manera, al día siguiente fuimos a ver el Coliseo, el Foro Romano y el Palatino. Tuvimos mala suerte porque cayó una tormenta increíble y hubo zonas que no nos permitieron ver. Pero a pesar de estar caladas intentamos ver todo lo que pudimos, nos compramos el mismo poncho de lluvia que el resto de turistas y fuimos a ahogar nuestras penas en pizza y Kinder Paradiso (por cierto, tenéis que buscar y probar este manjar si visitáis el país).

Si queréis visitar tanto El Vaticano como el Coliseo, el Foro Romano y el Palatino, podéis compraros los tickets de todo a la vez (85€) y ahorrar algunos euros.

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Una gaviota en el Coliseo – Fuente: Elaboración propia

Comer en Italia

Otra de las cosas que debéis probar son, por supuesto, los helados. Durante mi segunda visita a Italia descubrí la Gelateria Della Palma con una variedad de 150 sabores de helado distintos. En definitiva, una locura de lugar. Necesitas ir con tiempo porque decidirte no es nada fácil. Otra buena heladería, pero no tan asombrosa, es Come il Latte. Una cosa que me llama la atención de Italia es que primero pasas por caja y pagas lo que te vayas a llevar y después ya eliges, en casi todas las tiendas.

A su vez, respecto a la comida, hay otros dos sitios que me gustaría recomendaros. Uno es el Restaurante Arlù, muy cercano a El Vaticano. Todavía recuerdo los raviolis de pulpo y la ensalada de pera con Grana Padano. La segunda recomendación va sobre tiramisú. Siempre compararé todos los tiramisú que me coma con el que me comí en Pompi Tiramisú, ¡el mejor que he comido!

Entre los sitios que tampoco te puedes perder de Roma se encuentran la Piazza Navona con su Fontana dei Quattro Fiumi (si has visto la película Ángeles y Demonios te resultará familiar), la Fontana di Trevi, el Panteón de Agripa, el monumento a Vittorio Emanuele II y el barrio del Trastevere.

Para terminar de hablar sobre Roma, entre mis planes favoritos (no muy comunes) se encuentran los siguientes: Visitar Largo di Torre Argentina y alquilar un carrito a pedales en Villa Borghese. El primero de ellos tiene historia, fue el lugar donde Julio César murió asesinado, pero no es la razón por la que me encanta.

El sitio es una especie de santuario de gatos al que puedes entrar: Gatti di Roma. Respecto a Villa Borghese, se trata de un parque enorme junto a la Piazza del Popolo. Yo reservaría, al menos, una tarde entera para visitarlo, alquilar una barca o un carrito a pedales y dar una vuelta.

Vistas desde Villa Borghese – Fuente: Elaboración propia

Florencia

Una de las excursiones que he repetido dos veces ha sido visitar la ciudad de Florencia. Durante mi segunda visita participamos en un Free Tour con la compañía Landmarks in Florence, una de las mejores opciones para conocer un lugar más a fondo. En él, además de darte datos históricos sobre la ciudad, se hace referencia a Palazzo Vecchio, Il Duomo, los Medici, Michelangelo

Por nuestra cuenta, entramos a La Galería de los Uffizi por 2€ (con la tarjeta de estudiante). Es uno de los puntos que más nos gustó. Otra buena idea es pasear por el Ponte Vecchio, cotilleando los escaparates de sus joyerías y caminar junto al Río Arno hasta subir a Piazzale Michelangelo. Una vez allí, verás una estatua que te resultará muy familiar. Desde ese punto tienes una panorámica preciosa de Florencia.

¡No olvides probar un helado en Florencia! El mejor helado que he probado en mi vida ha sido allí, pero mejor si preguntas el precio antes de pedirlo. Que tampoco se te pase visitar la estatua del Porcellino, colocar una moneda en su boca y esperar a que se cuele por las rendijas que tiene debajo para tener buena suerte.

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Florencia desde Piazzale Michelangelo – Fuente: Pexels

Multadas en Florencia

Otra cosa que me gustaría comenta desde mi opinión personal: Ni se te ocurra coger un autobús en Florencia. Punto número 1: Comprar un billete de autobús es una tarea complicada porque no se hace en el autobús, sino en un estanco y a algunos se les acaban. Punto número 2: Nosotras subimos en autobús hasta Piazzale Michelangelo. Luego desde allí no hay manera de comprar un billete nuevo, cosa que te obliga a bajar andando o reutilizar el billete anterior de 90 minutos de duración.

A nosotras se nos caducó el billete por 15 minutos, los revisores nos pillaron y tuvimos que pagar una multa de 50€ cada una. Conclusión: No merece la pena coger un autobús para las distancias que son y si te ponen una multa nos recomendaron que la próxima vez no la pagásemos (elección de cada uno, no sé yo si será tan fácil hacer eso).

Nápoles y Pompeya

Otra de las excursiones que hicimos fue ir a Nápoles y a Pompeya. Viajamos de Roma a Nápoles con Trenitalia por unos 20€ cada una y una vez allí, dentro de Napoli Centrale, cogimos una especie de tren Cercanías que nos llevó a Pompeii Scavi.

Llegar hasta allí fue difícil porque nos liamos y terminamos bajándonos en Ercolano (donde se cogen los tours para visitar el Vesubio) pero al final nos aclaramos y llegamos a Pompeya. Visitar Pompeya es lo que más me gustó de todo el viaje.

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Castel dell’Ovo, Nápoles – Fuente: Pixabay

Cuando volvimos a Nápoles, vimos lo más importante de la ciudad gracias a un amigo que vive allí. Nos mostró la preciosa estación de Metro “Toledo”, la Piazza del Plebiscito, el Castel dell’Ovo y Lungomare Mergellina. No nos dio tiempo a comer nada, pero nuestro amigo nos recomendó probar la sfogliatella y comer una pizza en L’antica Pizzeria da Michele.

Todavía me queda muchísimo por ver de Italia así que volveré, sin duda, ya que es uno de mis destinos favoritos de Europa. ¿Y tú? Si has estado en alguno de estos lugares, ¿cuál ha sido tu favorito?